Mi señor padre solía decir: Mi hijo, no te conviertas en hombre sombra. Para serles sincero, llevó cierto tiempo comprenderlo en su real dimensión, porque no es tan sencillo describir el significado de aquel comentario.
-La- frase era consecuencia natural de un episodio de holgazanería. Ésta no resultaba muy conflictiva para el bisoño sentido de responsabilidad, y terminaba convirtiéndose en algo cómico, efímero. Sin embargo caló profundo en las fibras de mi ser, porque no había la menor duda de que se trataba de una cuestión considerable, valiosa, para ser repetida con tanta asiduidad.
Con las experiencias recolectadas en los años posteriores se produjo un efecto muy interesante. Los hombres sombra ya no eran convocados a mi consciente de boca de papá, sino por iniciativa personal, con la variante de ser atribuida a un mayor número de situaciones cotidianas. Seguidamente la reprovación enérgica.
Éstos "caballeros" resultan ser ciudadanos solteros o Jefes de Familia. A simple vista honorables personas, pero carecen de un comportamiento compatible con tal ilustre denominación, porque el título corresponde efectivamente a personas que han echo mas que cumplir con la premisa de: ser mayor de edad, marido, padre de la criatura, o cónyuge. Para ser digno de él, hay que echar de ver las cosas que hacen falta en el entorno, y hacerlas sin lugar a excusa alguna.
Lastimosamente campea el desinterés, el machismo, y la vista gorda. Pero sepan que ante mis ojos los observo con asco, repugnancia y desazón. He visto demasiados ejemplos de lo que describo, y pareciera que hasta son exitosos con esa actitud. Pero reflexionen, todos/as, ya que está en nuestras manos impedir que la pereza sea el factor común del hombre.
Lucho, porque no me toque ser tildado de ésto que repruebo con todo mi ser. Haré el mejor de mis esfuerzos, porque no hay nada peor que fallar con uno mismo, a tus seres queridos y a tus antecesores.
Es mi opinión.-
domingo, 29 de agosto de 2010
domingo, 4 de julio de 2010
Amistad sin barreras
Recuerdo con júbilo la tierna infancia donde compartía jornadas interminables de juegos con personas a quiénes entregaba toda mi picardía, ingenuidad y hasta el corazón - corazón de niño-. En aquel entonces encontraba el mayor volumen de alegría, sinceridad y desinterés presente en un grupo social. Todo aquello parecía de lo más usual, y supuse -¡wow!- que lindo sería la vida adulta rodeada de gente con tanto por ofrecer y compartir.
Pasaron los años y ya no era sencillo reunir el bisoño grupo de amigos. Notoriamente los objetos nos convocaban, los afectos no bastaban. Comenzando con la pelota, luego un muñeco, la televisión, posteriormente los vídeo juegos y aparatos más elaborados. Desde luego que todos aquellos objetos tenían su atractivo, cualidades por las cuales nos dejábamos seducir sin miramientos.
Fue entonces, en la flamante y vigorosa juventud, que aparecieron los efectos nocivos de supeditar los encuentros de la agrupación a la presencia de objetos, suplantando la estima. Culminando en peñas donde puede estar presente todo aquel que traiga consigo un elemento de interés físico. Se ha llegado a cometer el desacierto de discriminar a miembros fundadores de la agrupación por no contar con aquel elemento para contribuir, incluso, por no querer compartir aquello físico que los demás proponen.
Para suerte nuestra, la amistad va mucho más allá que una simple reunión por un interés material, y lo que acabo de describir no es la regla en el universo. Todo esto lo vivimos día a día y no hay que dejar de lado lo que realmente importa -las personas-.
Es mi opinión.
Pasaron los años y ya no era sencillo reunir el bisoño grupo de amigos. Notoriamente los objetos nos convocaban, los afectos no bastaban. Comenzando con la pelota, luego un muñeco, la televisión, posteriormente los vídeo juegos y aparatos más elaborados. Desde luego que todos aquellos objetos tenían su atractivo, cualidades por las cuales nos dejábamos seducir sin miramientos.
Fue entonces, en la flamante y vigorosa juventud, que aparecieron los efectos nocivos de supeditar los encuentros de la agrupación a la presencia de objetos, suplantando la estima. Culminando en peñas donde puede estar presente todo aquel que traiga consigo un elemento de interés físico. Se ha llegado a cometer el desacierto de discriminar a miembros fundadores de la agrupación por no contar con aquel elemento para contribuir, incluso, por no querer compartir aquello físico que los demás proponen.
Para suerte nuestra, la amistad va mucho más allá que una simple reunión por un interés material, y lo que acabo de describir no es la regla en el universo. Todo esto lo vivimos día a día y no hay que dejar de lado lo que realmente importa -las personas-.
Es mi opinión.
domingo, 27 de junio de 2010
Reflexión, pero no lamentación
Las lamentaciones se han convertido en tema frecuente de conversación. Cuestiono mucho el echo de que varias personas, en reiteradas oportunidades, quieren hacerme creer que desperdicié mi vida. Si bien, parcialmente pueden llegar a tener razón, no comparto la postura de martirizarnos eternamente por nuestros echos u omisiones.
Parto de la premisa de tener consciencia de nuestras acciones. Con un mínimo de detenimiento y reflexión -puede llegar a transcurrir en solo unos mili segundos-, habremos tomado una opción. Luego de ello hay que afrontar las consecuencias que derivasen, sean estas favorables o adversas.
Tengo la firme convicción que no tiene caso el recriminarnos, una y otra vez, por todo aquello que quedó atrás. Repito, porque quedó atrás. Tampoco pregono el olvido gratuito, sino todo lo contrario, realizar "una" sola mirada en retrospectiva y obtener de ella conclusiones, para luego aprender,y de ser necesario, rectificar.
Hasta ahora me mantengo por el sendero que acabo de describirles, cantando como Sinatra: lo que perdí no lo lloré, porque si me equivoqué fue a mí manera, y la satisfacción que produce comportarme de esta manera me acompañará hasta el último de mis días.
Es mi opinión.
Parto de la premisa de tener consciencia de nuestras acciones. Con un mínimo de detenimiento y reflexión -puede llegar a transcurrir en solo unos mili segundos-, habremos tomado una opción. Luego de ello hay que afrontar las consecuencias que derivasen, sean estas favorables o adversas.
Tengo la firme convicción que no tiene caso el recriminarnos, una y otra vez, por todo aquello que quedó atrás. Repito, porque quedó atrás. Tampoco pregono el olvido gratuito, sino todo lo contrario, realizar "una" sola mirada en retrospectiva y obtener de ella conclusiones, para luego aprender,y de ser necesario, rectificar.
Hasta ahora me mantengo por el sendero que acabo de describirles, cantando como Sinatra: lo que perdí no lo lloré, porque si me equivoqué fue a mí manera, y la satisfacción que produce comportarme de esta manera me acompañará hasta el último de mis días.
Es mi opinión.
viernes, 18 de junio de 2010
¿De qué se trata todo esto?
Surgen momentos, de manera aleatoria, en los que tengo ganas de expresar aquellas ideas que se vuelven conscientes, cargadas de vigor y con la necesidad de ser confrontadas con vosotros en un ambiente controlado y, consecuentemente, saludable.
Inmediatamente me encuentro con la pregunta del cómo haría público aquello. Entre idas y vueltas, dudas, un poco de pereza, ideas alocadas, con lógica y sin ella, llegué finalmente a este sitio.
Pero antes de escribir la primera línea hubo que rebasar el pavor de hacer el desnudo en público. ¿Desnudo artístico o grotesco? Era la incógnita, y como no quería caer en lo bizarro o chabacano, supuse que haría el mejor de mis esfuerzos por presentar mis ideas.
Así que contaba con la imaginación, el espacio y la determinación para expresarlas. Sin más, surgió esto que pretende ser una herramienta de catarsis personal y un elemento para el debate con vosotros.
Espero vuestras opiniones y comentarios.
Inmediatamente me encuentro con la pregunta del cómo haría público aquello. Entre idas y vueltas, dudas, un poco de pereza, ideas alocadas, con lógica y sin ella, llegué finalmente a este sitio.
Pero antes de escribir la primera línea hubo que rebasar el pavor de hacer el desnudo en público. ¿Desnudo artístico o grotesco? Era la incógnita, y como no quería caer en lo bizarro o chabacano, supuse que haría el mejor de mis esfuerzos por presentar mis ideas.
Así que contaba con la imaginación, el espacio y la determinación para expresarlas. Sin más, surgió esto que pretende ser una herramienta de catarsis personal y un elemento para el debate con vosotros.
Espero vuestras opiniones y comentarios.
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