Es el año 2012, si ¡dos mil doce!, he superado un Bicentenario, me convertí en padre de familia, obtuve mi independencia personal, me casé. Continúo asimilándolo.
Seguramente no soy el primero en sentir que todo acontece tan rápido. Apenas y llego a disfrutar de estos momentos cumbres en la vida.
Hoy día veo en las mañanas un rostro diferente, algo se ha revolucionado en mí. Éste cambio es debido a varios factores, pero quiero hacer énfasis en uno en particular, -la determinación-.
Aquella tarde de diciembre, me encontraba con un pedazo de papel en la mano, mi ser se estremecía ante lo que vendría. Luego de procurar leer de corrido y de forma consistente la hoja llegué a lo esperado, en resumidas cuentas sentenciaba: SI, YA ERES PAPÁ. De pronto, el silencio. La ciudad toda se había detenido, me transportó a otra dimensión, solo yo estaba animado, y me devolvió de la misma manera.
Volvió mi otro yo. Éste carecía de temores. Hasta hoy en día no salgo del asombro al recordar que le informaba a papá, esa misma tarde, estamos esperando un bebé. Lo llamativo es que no me temblaba la voz, el cuerpo, el espíritu. Ya nada volvió a perturbar esa tranquilidad.
Nuevamente me introduje a ese túnel del tiempo, pero esta vez todo estaba animado y en cámara rápida. sin darme cuenta transité dos años. Siempre con buena actitud, siempre con la respuesta esperada, siempre con dedicación, con amor y seguridad.
Esa determinación logró que todo lo que se vino de forma vertiginosa parezca de lo más usual. Las reacciones y soluciones fueron instintivas y no forzadas. Mis hábitos son otros, mi pensamiento también. Hoy analizo todo de forma colectiva, mi familia está primero.
Me encuentro en excelente forma, ¡bendita determinación!
Es mi opinión.-
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